Te deseo más arrogancia para 2026
- Ruben Iza

- hace 6 días
- 3 Min. de lectura

Llegamos a esa época del año donde los deseos de "paz", "salud" y "mucha confianza" inundan nuestras bandejas de entrada. Son deseos seguros, cómodos, políticamente correctos. Pero hoy, quiero romper el molde y desearte algo que, a primera vista, podría incomodarte: te deseo más arrogancia para 2026.
Sí, leíste bien. Arrogancia.
Durante años nos han vendido la idea de que la confianza es suficiente. "Ten confianza en ti mismo", nos dicen. "Cree en tus capacidades". Y está bien, la confianza es importante. Pero seamos honestos: la confianza es pasiva. La confianza te mantiene cómodo, te hace esperar tu turno, te dice que si trabajas duro y mantienes la cabeza baja, eventualmente alguien notará tu talento. La arrogancia, en cambio, no espera. La arrogancia toma lo que es suyo.
La confianza te susurra: "Puedo hacerlo si me dan la oportunidad". La arrogancia declara: "Yo soy la oportunidad". La confianza te hace competente. La arrogancia te hace imparable.
Y aquí está la verdad incómoda que todos hemos visto: hay personas con menos habilidades que tú, con menos preparación que tú, con menos experiencia que tú, que están logrando todo lo que tú sueñas. ¿Por qué? Porque ellos no dudan. Porque se venden a sí mismos sin un ápice de vergüenza. Porque creen, con una convicción casi delirante, que merecen estar ahí. No es injusto. Es la realidad.
La historia de Polo
Recuerdo bien mi paso por una de las firmas de tecnología más grandes del mundo, de esas con oficinas de vidrio, mesas de ping-pong y café gratis que nadie tiene tiempo de tomar. Allí conocí a Polo. Polo no era el colaborador más talentoso del equipo.
Definitivamente no era el más preparado. Sus presentaciones eran correctas, no brillantes. Sus resultados eran buenos, no excepcionales. Pero Polo tenía algo que sus compañeros no tenían: una arrogancia bien calibrada.
Mientras otros esperaban que alguien notara su trabajo silencioso, Polo entraba a las reuniones con la certeza de que su opinión importaba. Mientras otros se disculpaban antes de hablar ("Tal vez esto sea una tontería, pero..."), Polo simplemente hablaba. No pedía permiso para ocupar espacio. Lo ocupaba.
Cuando surgió una oportunidad de promoción, Polo no fue el candidato obvio en términos de habilidades técnicas. Había al menos tres personas más calificadas. Pero mientras esas tres esperaban modestamente a que su trabajo hablara por ellas, Polo ya estaba en la oficina del director, vendiendo su visión para el nuevo puesto.
¿El resultado? Polo obtuvo la promoción.
Los otros tres siguen siendo increíblemente talentosos. Siguen siendo modestos. Siguen esperando su turno.
La trampa de la modestia
La modestia es hermosa en teoría. En la práctica, es una trampa. Te enseñaron a no presumir, a ser humilde, a dejar que tu trabajo hable por ti. Pero aquí está el problema: tu trabajo no tiene voz. Tu trabajo no entra a las reuniones importantes. Tu trabajo no negocia tu salario. Tu trabajo no construye tu marca personal. Tú tienes que hacer todo eso. Y para hacerlo, necesitas arrogancia.
No estoy hablando de ser un patán. No estoy hablando de pisotear a otros o mentir sobre tus capacidades. Estoy hablando de esa arrogancia que nace de una decisión consciente: voy a creer en mí mismo con tanta fuerza que los demás no tendrán más opción que creerme también.
En la era de la Inteligencia Artificial
Y si esto era importante antes, ahora es absolutamente crítico. Vivimos en la era de la inteligencia artificial, donde cualquiera con acceso a ChatGPT o Gemini puede generar un informe decente, diseñar un logo pasable o escribir código funcional. La barrera técnica se está desmoronando. Las habilidades que antes te hacían "especial" ahora están al alcance de todos.
Entonces, ¿qué te va a diferenciar? Tu capacidad de ejecución. Tu velocidad para tomar decisiones. Tu audacia para lanzar proyectos "imperfectos". Tu arrogancia para decir "esto es suficientemente bueno, lo lanzo ahora" mientras otros siguen perfeccionando en las sombras.
Los emprendedores que triunfarán en 2026 serán los que tengan la arrogancia de moverse rápido, experimentar sin miedo al fracaso, y venderse con convicción absoluta. La IA puede hacer muchas cosas, pero no puede tener arrogancia por ti.
Mi deseo para ti en 2026
Entonces, este es mi deseo para ti en 2026: que seas más arrogante.
Que entres a esa reunión como si fueras la persona más importante en la sala. Que pidas ese aumento sin disculparte por tu ambición. Que compartas tus logros sin minimizarlos. Que apliques a ese trabajo aunque no cumplas todos los requisitos. Que inicies ese proyecto aunque no tengas todo resuelto. Que te vendas, te promociones, te celebres sin sentir vergüenza.
Que dejes de esperar a estar "listo" y simplemente empieces.
Que dejes de ser tan politicamente modesto.
Así que sí, te deseo más arrogancia para 2026. Porque ya tienes el talento. Ya tienes las habilidades. Lo único que te falta es la audacia de creerlo tú primero.
¡Feliz y arrogante 2026!



Comentarios